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ENTREVISTA A CÉSAR COLL
por Carmen Leal
César Coll es doctor en Psicología y catedrático de Psicología
Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Barcelona, donde ha impulsado
y dirigido investigaciones y trabajos sobre la intervención psicopedagógica,
las aplicaciones e implicaciones pedagógicas de la teoría genética, el diseño y
desarrollo del curriculum escolar y el análisis de los procesos de interacción
en situaciones educativas. Ha participado activamente en el diseño de la
reforma educativa española impulsada por la L.O.G.S.E., especialmente en lo que
concierne a los aspectos curriculares y psicopedagógicos. Es autor de numerosos
libros y artículos publicados en revistas especializadas. Entre sus obras, cabe
mencionar aquí Psicología y Curriculum, libro en el que presenta y desarrolla
un modelo de diseño curricular inspirado en la concepción constructivista de la
enseñanza y del aprendizaje que fue utilizado en su día como punto de partida
para la elaboración de las propuestas curriculares de la reforma educativa
impulsada por la LOGSE.
Pregunta.- ¿Qué
se pretendía con la LOGSE?
Respuesta.- Lo que se pretendía en líneas generales,
y creo que se está haciendo, con todas las limitaciones y las dificultades que
se quiera, son unas reformas que, en buena medida, estaban pendientes desde la
Ley General de Educación de 1970, que no se hicieron entonces por razones de
contexto político y que otros países acometieron, y en parte resolvieron, en
las décadas de los 60 y 70. Me estoy refiriendo a aspectos tales como la
finalización de la enseñanza obligatoria a los 14 años, que dejaba un hueco entre
los 14 y los 16; los problemas de incorporación al mundo del trabajo; la
segregación temprana en vías formativas diferenciadas; la no consideración de
la educación infantil como una etapa educativa con objetivos y finalidad en sí
misma; la revisión y adaptación de los contenidos; la carga ideológica que a
pesar de todo seguían teniendo los contenidos establecidos con la ley del 70;
el desprestigio de la F.P, etcétera. Simplificando, la LOGSE persigue dos
grandes tipos de cambios: por una parte, los relacionados con la estructura del
sistema educativo, a los que pertenecen algunos de los aspectos que acabo de
mencionar; y por otra, los que tienen que ver más bien con la mejora de la
calidad de la enseñanza. Estos últimos son los que homologan la LOGSE con las
reformas educativas que se están llevando a cabo en otros países de nuestro
entorno. En el caso de la LOGSE, sin embargo, coinciden los cambios
estructurales y los cambios cualitativos, y de ahí su complejidad.
P.- ¿Qué le parece el artículo 4.2 de la LOGSE
que dice que el 45% del contenido de todas las asignaturas lo pone la
administración autonómica que tenga otra lengua vernácula además del español, y
el 30% las que no tienen esa lengua?
R.- Es una decisión política, no pedagógica. En el
modelo curricular de la LOGSE, la idea esencial es que debe haber unos mínimos
estatales básicos, que todos han de respetar, mientras que la
contextualización, el despliegue de estos elementos básicos, ha de hacerse en
los sucesivos niveles de concreción curricular. De esta idea se ha hecho una
lectura fundamentalmente política y no pedagógica, que se plasma en el
establecimiento del porcentaje que le corresponde fijar al Estado y el que le
corresponde fijar a las administraciones autonómicas, cuando la cuestión debiera
ser qué porcentaje le corresponde fijar a los equipos docentes. Desde la lógica
pedagógica hay que fijar las experiencias educativas que se deben ofrecer a
todos los alumnos, estén donde estén y sean cuales sean sus características
individuales y su origen social o cultural, dejando un amplio margen
deactuación a los centros educativos y a los equipos docentes. Tengo la
seguridad de que en el futuro será así y que se avanzará en la dirección de
ampliar el margen de actuación de los equipos docentes.
P.- ¿No cree que la aplicación de la LOGSE ha
dado como resultado diecisiete sistemas educativos?
R.- No, o al menos no más que antes, porque es bien
sabido que cuando los profesores entran en el aula hacen lo que creen que deben
hacer, y enseñan lo que creen que deben enseñar. Pensar que, mediante la
promulgación de unos programas cerrados y homogéneos en los que se especifique
todo hasta el más mínimo detalle, los profesores van a enseñar lo mismo y los
alumnos van a aprender lo mismo, es pura fantasía. La contextualización y
adaptación del currículum y de los programas de las asignaturas por parte del
profesorado es un poderoso instrumento para la atención a la diversidad que no
sólo no debe cerrarse, sino que a mi juicio debe promoverse. En cualquier caso,
la respues a ante la preocupación de la pérdida de homogeneidad del sistema
educativo no está en cerrar los programas, sino en hacer un debate social
amplio sobre cuáles deben los contenidos fundamentales de la educación básica,
llegar a un acuerdo lo más amplio posible e intentar que esos contenidos sean
trabajados y aprendidos sistemáticamente en la escuela. Talvez los contenidos
realmente básicos en torno a los cuales debe garantizarse la homogeneidad del
sistema no son tantos como a veces tenemos tendencia a pensar.
P.- Los alumnos de doce años hoy no saben leer ni
escribir en español; y antes se salía de la escuela sabiendo leer y escribir y
las cuatro reglas.
R.- Sigue habiendo un cierto número de alumnos que
se encuentra en esta situación. Pero sigue habiéndolo: no es que ahora lo haya
y antes no lo hubiera. Mi memoria personal, y pienso sinceramente que también
las estadísticas y los estudios comparativos, no me permiten suscribir su
afirmación genérica. No entremos en la dinámica de contraponer lo de ahora con
lo de antes. Y si lo hacemos, hagámoslo comparando los alumnos de hoy con los
niños y jóvenes que antes eran alumnos y también con los que no lo eran y no
tenían siquiera la oportunidad de salir de la escuela sabiendo o sin saber. En
cualquier caso, y volviendo al principio, es lamentable que siga habiendo
alumnos que se encuentren en esta situación al término de la educación básica y
obligatoria. Es lamentable e inaceptable. Como lo es también el hecho de que
haya alumnos que, tras seis, siete o incluso ocho años de escolaridad, ingresen
en la Educación Secundaria Obligatoria sin haber hecho los aprendizajes
instrumentales básicos. Mientras esto suceda, no podemos sentirnos satisfechos
con el funcionamiento de nuestro sistema educativo.
P. - Se ha mejorado sólo en número, no en calidad.
R.- La calidad de antes existe también ahora. Sólo
que ahora en la escuela y en los institutos están todos los niños y jóvenes y
antes no estaban. ¿Dónde estaban? ¿Quién se ocupaba de ellos? ¿Estaban mejor antes,
muy probablemente en la calle, o están mejor ahora, en las escuelas y en los
institutos, aunque para algunos de ellos, y repito que lamentablemente, esto no
sea suficiente para que puedan acceder a los aprendizajes básicos? Por otra
parte, la ausencia de este alumnado en los centros educativos tampoco
garantizaba que todos los que sí estaban aprendieran satisfactoriamente. Cito
de memoria, pero me parece recordar que el último o uno de los últimos estudios
de la OCDE sobre el estado del sistema educativo español, publicado en 1986,
proporcionaba datos escalofriantes a este respecto: algo así como el 30% de los
alumnos y alumnas no obtenía el Graduado Escolar al término de la EGB; el 14 %
del alumnado abandonaba el sistema educativo en el transcurso de los últimos
años de la EGB; pero el dato, a mi juicio más preocupante, es que en BUP el
índice de fracaso se situaba en el 50%. Un fracaso del 50% no sobre la
totalidad de las cohortes de edad correspondientes, sino sobre el total de
chicos y chicas que ingresaba en BUP, es decir, sobre algo menos del 60% de
estas cohortes. Con estos datos delante, pienso que no se puede mantener la
afirmación de que se ha mejorado en cantidad, pero no en calidad. Ahora hay
alumnos y alumnas buenos y brillantes como los había antes. Lo que sucede es
que probablemente se ven menos porque hay otros muchos y muchas que no son tan
brillantes, pero que también aprenden, y con toda seguridad aprenden mucho más
que antes. Por ello, incluso aceptando que el grupo de alumnos buenos y
brillantes no sea ahora más numeroso que antes, lo cual está por demostrar, el
razonamiento anterior me lleva a pensar que en conjunto se ha mejorado en
cantidad y en calidad.
P.- ¿Es consciente de que la mayoría de los profesores
de secundaria está en contra de la reforma?
R.- No comparto la afirmación de que la mayoría del
profesorado de Secundaria no apoya la reforma; me consta que efectivamente esa
es la valoración de un sector, que no sé cuán amplio es. Pero también me consta
que existe otro sector, que tampoco quiero cuantificar, que la apoya. Mi
impresión es que hay una coincidencia generalizada entre el profesorado de
Secundaria respecto a la complejidad y las dificultades que comporta la puesta
en marcha de la LOGSE en la educación secundaria, pero el reconocimiento de
este hecho no lleva a todo el profesorado de este nivel educativo a hacer el
mismo tipo de valoraciones ni, por supuesto, a adoptar el mismo tipo de
posturas ante la LOGSE. De todas formas, los estudios realizados a este
respecto suelen coincidir: alrededor de un 70% del profesorado está de acuerdo
con la filosofía, los planteamientos, los principios y las propuestas la
reforma y, en cambio, hay una práctica unanimidad en la crítica a las actuaciones
de la Administración educativa que se perciben a menudo como incoherentes con
la filosofía de la reforma. Por otra parte, no hay que olvidar que
efectivamente el profesorado de secundaria es el que está viviendo de forma más
intensa el cambio porque, con la implantación de la Educación Secundaria
Obligatoria, ha visto modificadas las expectativas y las exigencias que se le
plantean como profesional de la enseñanza. El profesor de Primaria siempre ha
tenido como función educar y enseñar a todos los niños y niñas con
independencia de su capacidad intelectual, de sus conocimientos, de su origen
social y cultural y de cualquier otra característica individual. Al ampliar la
educación obligatoria hasta los 16 años, y en lo que concierne a la Educación
Secundaria Obligatoria,
la exigencia que se plantea al profesor de
Secundaria es como la que se le plantea al de Primaria: tiene que educar y
enseñar a todos y no sólo a aquellos que se orientan hacia una vía formativa
posterior de naturaleza más académica.
P.- Ni se les ha pedido permiso, ni consultado si
podían hacer ese trabajo. Su docencia consistía en una preparación
fundamentalmente académica.
R.- Han tenido un cambio radical en su tarea
docente; no tenían ni la formación, ni la mentalidad necesaria, ni se habían
acercado a la profesión pensando en la educación básica y obligatoria. Lo suyo
era la enseñanza postobligatoria y para una buena parte de ellos dirigida a la
preparación del alumnado para el ingreso en la Universidad. Y tendría que haber
habido mucha mas sensibilidad y generosidad por parte de la Administración para
ofrecer recursos, apoyos y formación; para ilusionar, apoyar y liderar ese
cambio substancial en el que se encuentra inmerso el profesorado de Secundaria.
Ahora bien, no puedo compartir la formulación de que «no se les ha pedido
permiso». Por una parte, la educación es un instrumento de la sociedad y la
decisión sobre las funciones que debe cumplir y cómo debe organizarse el
sistema educativo es una competencia de la sociedad en su conjunto que en
ningún caso puede reservarse en exclusiva, a mi juicio, a los profesionales de
la educación. Como tampoco las decisiones sobre la defensa nacional deben
reservarse en exclusiva a los miembros de las fuerzas armadas, o las decisiones
sobre las prestaciones del sistema de salud pública a los profesionales de la
medicina. Por otra parte, en una sociedad democrática, como afortunadamente es
la nuestra, las leyes se aprueban en el Parlamento. A los profesores no se les
ha pedido permiso, pero han podido opinar, debatir, hacer propuestas y, sobre
todo, han podido pronunciarse sobre su promulgación, como el resto de
ciudadanos, a través de los procedimientos democráticos establecidos. La LOGSE
se aprobó en el Parlamento por amplísima mayoría. Sólo un partido político,
entre todos los que conformaban en aquel entonces el arco parlamentario, votó
en contra. Y que yo recuerde, ningún sindicato representativo del profesorado
mantuvo una postura contraria o beligerante ante el proyecto de ley.
P.- ¿Cómo se explica entonces la aparición de la
Asamblea del Vallés? ¿Sabe que una gran parte de buenos alumnos están huyendo
de los centros públicos hacia los privados y concertados, a pesar de la
extraordinaria preparación del profesorado que, al cambiarle el estatus, se
siente infrautilizado?
R.- Sé que hay problemas, y que son como dice, pero
usted da por supuesto que la asamblea del Vallés es representativa del
profesorado de secundaria y yo no coincido en esa apreciación. Conozco a muchos
profesores de Secundaria que están encantados con el trabajo que hacen y no se
sienten infrautilizados; en todo caso, se sienten exhaustos, desbordados y
faltos de apoyo; suelen ser profesores además especialmente conscientes de los
problemas, dificultades y peligros que comporta la implantación de la LOGSE en
las condiciones en que se está haciendo; y, por añadidura, son profesores que a
menudo se muestran muy críticos con la Administración o las Administraciones
educativas. Ahora bien, todo ello no les mueve a renunciar a los principios,
planteamientos y propuestas de la LOGSE, sino más bien a exigir las condiciones
necesarias para ponerlas en práctica con garantías de calidad. La Asamblea del
Vallés tiene sus razones, sus valoraciones y sus propuestas, pero no se pueden
hacer extensivas sin más y globalmente al conjunto del profesorado de
Secundaria.
P.- La comprensividad no ha dado buenos
resultados ni aquí ni en otros países como EEUU o Inglaterra. En Alemania no se
sigue.
R.- Por cada ejemplo que me ponga en ese sentido
puedo darle yo otro contrario. De todos modos, y sin entrar en el análisis de
casos concretos, le invito a leer los Informes de la UNESCO sobre el estado de
la educación en el mundo, de los últimos años. Verá como, más allá de los casos
particulares y de las tendencias circunscritas a ciertas zonas geográficas y
culturales, la tendencia general es clara y cada vez más fuerte: es una
tendencia a organizar el primer tramo de la Educación Secundaria, el tramo
integrado en la educación básica y obligatoria, de acuerdo con una opción
comprensiva. Más aún, en los últimos informes se señala que esta misma
tendencia empieza a proyectarse también sobre el segundo tramo de la Educación
Secundaria. Si lo que quiere indicarme con su comentario es la preocupación de
que aquí estemos empeñados en poner en marcha un sistema que en otros lugares
ya se ha desechado, puede tranquilizarse. En este sentido, como en tantos
otros, la LOGSE no nos aleja de lo que sucede en otros países de nuestro
entorno económico y cultural. Ahora bien, dicho esto, la opción de la LOGSE en
la organización de la Educación Secundaria Obligatoria no es una opción por un
modelo comprensivo puro. Es más bien una opción que apuesta por el equilibro
entre comprensividad y diversidad. Si no se ponen en marcha los dos pilares, no
funciona. El equilibrio, por lo demás, es difícil. Es, a mi juicio, la mejor de
todas las opciones posibles, pero también la más exigente. Sería necesario
hacer un estudio serio, riguroso, sistemático y sostenido en el tiempo para ir
identificando lo que funciona y lo que no funciona, y modificar lo que haya que
modificar, que probablemente sean muchas cosas. Ahora no sabemos si lo que no
funciona se debe a la opción realizada o a la manera como se está llevando a
cabo. La comprensividad no significa que un profesor tenga que lidiar él solo,
con sus propios recursos, con todos los alumnos, sean cuales sean sus
características. La LOGSE prevé un amplio abanico de medidas y vías, ordinarias
y extraordinarias, de atención a la diversidad como el propio proyecto
curricular de centro, el plan de acción tutorial, el plan de orientación,
recursos y servicios especializados, desdobles, refuerzos, agrupamientos de
alumnos, adaptaciones curriculares individuales y grupales, programas de
diversificación curricular, etcétera. Algunas de ellas apenas se han utilizado.
¿Por qué? Porque su puesta en marcha requiere a menudo recursos técnicos,
humanos y de formación importantes. Es más cara una enseñanza con medidas de
atención a la diversidad dentro de un planteamiento comprensivo que una que
segrega a los alumnos en vías
formativas diferenciadas. Es más cara, pero también es mejor y más rentable,
tanto para los alumnos individualmente considerados como para la sociedad en su
conjunto.
P.- A raíz de la polémica suscitada por el
decreto de Humanidades de la Ministra Aguirre, ¿recuerda?, Antena 3 hizo una
encuesta entre alumnos de 16 años de Barcelona con tres preguntas: «qué río
pasa por Toledo, cuántos años duró la Reconquista y quién era Pla.» A la primera
pregunta nadie respondió; a la segunda sólo contestó un alumno y dijo que
cuatro años; a la tercera, sólo otro dijo que un poeta del Ampurdán.
R.- En mi opinión, ese decreto estaba mal orientado.
Supuso un intento de vuelta atrás, al viejo sueño irrealizable, y nada
recomendable, de los sistemas educativos napoleónicos centralizados que
pretendían asegurar que todos los alumnos aprendieran lo mismo y memorizaran el
saber, cuanto más amplio mejor, sin cuestionarse para nada su relevancia y
funcionalidad. Yo le invito a hacer una prueba: plantee esas mismas preguntas a
una muestra de ejecutivos de éxito en sus respectivas empresas elegidos al azar
y veamos qué responden. Por cierto, en este momento yo no recuerdo cuántos años
duró exactamente la Reconquista, pero si es necesario puedo resolver
rápidamente la duda: sé donde encontrar la respuesta; al menos la respuesta
canónica, porque la duración exacta, exacta, me temo que va a depender de la
fuente que consulte y del territorio que consideremos que fue efectivamente
«reconquistado»... ¿O tal vez fue simplemente «conquistado»?
P.- Lo mejor de la Reforma es que estén
formándose hasta los 16 años, pero no todos con el mismo menú. ¿Sabe usted que
los profesores se quejan de no poder impartir una enseñanza de calidad,
obligados a tener en una misma aula a toda clase de alumnos?
R.- Pero, ¿por qué no se ponen en marcha y se
utilizan todas las medidas y vías de atención a la diversidad previstas por la
LOGSE? La atención a la diversidad es justo lo que me está diciendo, los
distintos menús para las distintas clases de alumnos. La comprensividad no
significa que haya que hacer lo mismo con todos los alumnos. La comprensividad
significa que hay que ofrecer a todos los alumnos las experiencias educativas
que les permitan alcanzar los objetivos de la educación básica. Todos tenemos
la obligación de sacar de cada alumno el máximo. Eso no significa hacer
necesariamente lo mismo con todos.
P.- ¿Vd. es partidario de la creación de Centros
especializados?
R.- Si se refiere a las unidades especializadas de
atención a la diversidad como las UAC
(Unidades de Adaptación Curricular) y las UEE (Unidades de
Escolarización Externas), me parece que son medidas extremas y extraordinarias
que, bien utilizadas y en el marco de una estrategia global que contemple
igualmente las mediadas y vías de carácter más ordinario, que las hay, pueden
ser un buen recurso. Como pueden serlo todas las demás. La cuestión es si se
organizan y funcionan efectivamente para atender las necesidades educativas de
los alumnos y alumnas, es decir, como instrumentos de atención a la diversidad,
o, por el contrario, como una manera más o menos encubierta de volver a
introducir vias formativas segregadas dentro de la educación básica. Las
medidas en si mismas no me parecen buenas ni malas. Depende de cómo se usen y,
sobre todo, con
qué finalidad.
P.- Hábleme Vd. de los textos escolares: calidad,
precio, adoctrinamiento, control científico.
R.- Soy poco intervencionista. No soy partidario del
control por parte de la Administración; sí, del control científico. Las
administraciones deben vigilar que los textos escolares no contengan errores y
que no atenten contra los valores cívicos y democráticos, pero a posteriori,
como garantía de calidad. Son los profesores los que eligen los textos. Si
eligen textos buenos o no tan buenos será su responsabilidad. Esa
responsabilidad sí que la deben asumir como profesionales.
P.- ¿La "inmersión lingüística" (cambio
de lengua hogar/escuela) generalizada y obligatoria responde a la filosofía de
la reforma con su insistencia en la atención a la diversidad? ¿No se está
creando una uniformidad lingüística inexistente en la sociedad catalana? La
UNESCO dice: "es axiomático (no necesita explicación) que la mejor forma
de escolarizar a un niño es en su lengua materna".
R.- La política lingüística y la «inmersión» es
anterior a la Reforma. Es una opción política y pedagógica que nada tiene que
ver con la LOGSE. Personalmente, creo que no se hace suficientemente bien. Pero
una lengua minoritaria tiene que tener un apoyo. Como filosofía de apoyo a la
lengua minoritaria, la comparto. No estoy de acuerdo con los excesos, ni con
las barbaridades que se hacen en ocasiones a cuenta de la «inmersión», ni con
la formación insuficiente que se ha dado al profesorado para trabajar en un
contexto de inmersión, ni al rechazo visceral del castellano como lengua de
aprendizaje. No soy experto en el tema, pero mi opinión es que el bilingüismo
es un objetivo, no un medio. Al término de la educación básica, todos los
jóvenes deberían ser bilingües. De todos modos, también en este punto sería
bueno contar con un sistema de seguimiento y evaluación
riguroso, sistemático e autónomo que nos permitiera
abordar el tema proporcionando información fiable y objetiva. Y no, no creo que
haya un riesgo de «uniformidad lingüística» en la sociedad catalana, al menos
en torno a la lengua catalana. El castellano sigue gozando entre nosotros de
una presencia considerable, incluso mayoritaria, como lengua de uso.
P.- ¿Desde un punto de vista pedagógico, la
lengua de enseñanza ha de ser sólo la catalana?
R.- Hacer el aprendizaje de la lectoescritura en
catalán y pasar después al castellano no me parece mal, pero eso no significa
que posteriormente el castellano no pueda utilizarse en algunas asignaturas
como lengua de aprendizaje.
P.- ¿Qué balance hace Vd. de estos años de
Reforma Educativa? ¿Qué errores detecta?
R.-No se puede hacer un balance definitivo, ni categórico. Los efectos de las reformas educativas se hacen visibles a medio y largo plazo. En Suecia se hizo una reforma en la década de los 50, y se han valorado sus efectos veinte años después. La LOGSE empieza a implantarse de forma progresiva a partir del año 92, y el proceso de implantación todavía no ha terminado. Aún no hay una generación de alumnos escolarizados en el nuevo sistema, y ya pretendemos hacer un balance. La experiencia de estos años de implantación progresiva muestra ciertamente, junto a avances y logros, problemas y dificultades que sería conveniente afrontar y corregir, pero en estos momentos me parece tan excesivo y falto de fundamento afirmar con rotundidad y globalmente que es un éxito total como que es un fracaso absoluto. Yo soy optimista, pero no deja de ser una opinión. La única manera de contrastarla con opiniones contrarias sería disponer de un sistema de seguimiento, evaluación y control que nos permitiera pasar de las opiniones, todas respetables, a los datos objetivos y, personalmente, pienso que ha sido un error que todavía no se haya puesto en marcha ese sistema. Hubiera facilitado objetivar muchas controversias y, sobre todo, habría servido para actuar con rapidez y conocimiento de causa ante los problemas y dificultades que, como no podía ser de otra manera, comporta la implantación de una ley tan sanamente ambiciosa como, a mi juicio, es la LOGSE.